martes, 9 de agosto de 2011

El Santo Padre, viene a Madrid, con autoridad.


Sabido es, que la autoridad viene de Dios. Toda autoridad debe estar sometida por tanto, a la voluntad de Dios. Tanto en cuanto, todo procede de Él. De ahí, que los que mandan, tienen de Dios la responsabilidad del bien de la comunidad o sociedad. Dios confía, pues,  la autoridad, que se debe moderar por la moral; es decir, por la ley. Mal hacen los políticos, que traspasan los límites de su poder, que en ningún caso lo tienen por sus propios méritos, casi divinizándose ellos, llegando a blasfemar, entre otras acciones peores, que pervertidos así, se condenan por sí mismos. Y ello, por el orden de la creación.

Moisés, profetas, sacerdotes, fueron depositarios de un poder esencialmente espiritual, cuales delegados divinos; pero no faltaron los ancianos, los jefes, jueces, reyes, en lo político. Por cierto: éste, sometido o subordinado al poder espiritual, precisamente por estar expuestos a abusos, y por eso, cabe ante ellos la rebelión (como lo estamos viendo estos últimos meses).

El gran depositario de la autoridad, es Jesús. Y ello lo vemos: en su predicación, perdonando pecados, señor del sábado, etc., y tanto que los judíos se preguntan: “¿con qué autoridad hace todo eso?” Curioso, que Jesús no responde, sino que da signos: tiene poder (elementos, enfermedad, demonios, etc.). Y en lugar de ejercer el poder, sirve.
Pero, Jesús, deposita su autoridad en los apóstoles, ya que al enviarlos a la misión, les confirió y delegó su propia autoridad (“el que a ustedes escuchen, a mí me escuchan”). Con esa disposición, escucharemos al Papa.

A tal fin, son muchos los millones, que de forma presencial, como por los distintos Medios de Comunicación Social, vienen y van a escuchar al Santo Padre, dispuestos a obedecer y a aprender, de quien ostenta el mayor servicio y se llama “siervo de los siervos de Dios” (el clásico “S.S.”: ante la firma papal, traducido por muchos por “Su Santidad”), pues la base de la autoridad, está en el servicio (o caridad).

Ya en su día, la autoridad depositada en los apóstoles por Jesús, se encontró frente a la autoridad humana, pues con ella nos relacionamos; y que, ¡tantas veces se oponen a Cristo (y su Iglesia, que es lo mismo)!, responsables al desconocer a Cristo, y que se agravan al oponerse al Evangelio y su predicación; de ahí, que haya que pasar por encima de sus “doctrinas”, pues antes hay que obedecer a Dios que a los hombres, que al rechazar la autoridad de Cristo (y su Iglesia), como que han perdido poder, y quedan fuera de ella.

Puesto que toda autoridad viene de Dios, y ésta ha de estar de cara al bien común, habrá que someterse sí, pero sin apartar la conciencia en ello, ya que toda autoridad civil, debe estar sometida a la ley de Dios. Cierto también, que ninguna autoridad espiritual tiene un poder directo sobre la política y sus cosas.

Lo malo es, cuando el, poder se vuelve totalitario, y pretende encarnar -como sucede en espakistania- la autoridad divina, en cuyo caso -y es lo que tenemos- el poder político, no es sino la mismísima caricatura demoníaca o satánica, frente a la cual, ningún católico (creyente de la Iglesia de Jesús), debe inclinarse.

El Padre Báez, reflexionando y ayudando a entender la visita del Santo Padre Benedicto XVI, con motivo de la JMJ, a Madrid, ya en breves días.

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