lunes, 20 de agosto de 2012

Volvamos...

Volvamos a los tiempos de los abuelos:

Regresemos a cincuenta años atrás. Es lo que recuerdo muy bien a los sesenta y cinco años (cuando tenía quince). El sol, sigue siendo el mismo; pero nos hemos olvidado de sudar, salvo que se esté haciendo deporte, pero eso no da la comida (¡al contrario, para cada deporte distinto, unas zapatillas distintas y todo un equipaje exclusivo!). Avanzamos a una hecatombe, sin nombre; de mal a peor, y sin horizonte de esperanza alguna, salvo las mentiras y engaños con promesas de los políticos. Ya saben: cada día más parados. Avanzan, sin querer retroceder al ayer de medio siglo, cuando se vivía de mil maravillas, sobraba comida y faltaban manos (“¡no había hierba para tantos animales, ahora, no hay animales para tanta hierba!”, me dijo un taxista).

Eso sí, estamos mejor preparados. Pero no tenemos trabajo. Son nubes el número de jóvenes, que con títulos, no tienen trabajo; se les engañó (se les dijo estudiaran para que fueran hombres de provecho; y son una masa, que pasa hambre), sin futuro. Gracias a la paga del abuelo, comen con el resto de familias, cada vez menos. Solo sueñan con salir, pero ¿y a dónde? No tienen trabajo, y si lo consigue es por una miseria y esclavizado, y si protestan, hay miles y miles que los sustituiría, por eso...

Los Bancos, a punto de quitarles la casa. Las hipotecas, los ahogan. Les han borrado la fe; les han enseñado a odiar a la Iglesia, la única que le puede matar el hambre. En lugar de procesiones, hacen manifestaciones. Ninguna (de las manifestaciones), contra el medio ambiente, que nos atenaza y paraliza. La pobreza sube y no para. Lo de tantos libros, ya no les sirven de nada. Nos han hundido. Pero, tenemos fútbol, mucho fútbol, solo fútbol, fútbol fijo, constantemente nos dan el tiempo (sin que éste afecte a agricultura alguna). No, no se ve la luz, ni salida (no te la dan; a no ser te la busques tú mismo, metiendo en ello, imaginación).

El otro día a alguien, que pasea durante hora y media una media docena de perros, cuyas amas, no los pueden sacar a la calle, ¡que cunda el ejemplo! Es, una salida. Y hay muchas por aparecer. No esperes vengan a dártelas, invéntatelas. Sencillamente, volvamos a tiempos atrás. Olvídate del tractor; coge la asada o el arado. Si no, la cosa se va a poner peor, mucho peor. En tus manos, está la solución (nadie te la viene a ofertar).

El Padre Báez.

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