martes, 28 de agosto de 2012

¡Quién...!

¡Quién volviera!
Me decía el anciano Antoñito: “Padre Báez, años atrás, ahí en esa hoyeta de Cuevas Blancas, había cientos de vacas, toros, novillas, becerros, burros, mulos, caballos y yeguas; había frutales; se sembraba avena, archita, cebada, centeno, trigo, ¡trigo!, había miles de cabras, ovejas, cochinos..., ¡de todo!; ahora, solo hay pinos y retamas, ya ni se puede caminar, y solo Francisco queda, con una novilla....”

¡Quién pudiera regresar a esos años de atrás, y tan cercanos en el tiempo!
De aquellos tiempos, se guarda –con nostalgia- gratos recuerdos y vivencias, felicidad, trabajo, comida, alegría, bien, paz, amores, etc. Si volviéramos atrás, sería como volver a nacer de nuevo; sería volver a la cultura de la agricultura; volver a la convivencia y al compartir, a la ayuda y a ser ayudado, a la sociavilización, volver a la vida; a las costumbres perdidas.

Tenemos derecho a la alimentación; no a que nos la traigan, sino a nosotros producirla. Que nos dejen cultivar la tierra y criar y tener animales; que no nos lo impidan –con multas severísimas y crueles- la vuelta al campo. No te dejan limpiar un camino, menos la tierra. Los árboles frutales se secan, por falta de cuidados, y en su lugar solo ponen pinos, que no necesitan atendimiento y envenenan la tierra y secan fuentes, remanentes, arroyos y barrancos.

No podemos paliar el hambre, con ayudas de Cáritas, sino con volver a la tierra, que nos alimenta si medio ambiente y el seprona dejan de perseguir al agricultor y ganadero. No te dejan tocar nada, y todo se asilvestra, y ya ni caminos, por si se prendiera fuego, todo ardería, porque no hay entrada, veredas o sendas, caminos y atajos, carreteras y pistas, que han sido tupidas por escobones, tabaibas, retamas, cañas, etc., es decir, por pura maleza, que es lo que tienen protegido, y desprotegido al hombre.

Debemos seguir con la labor de nuestros mayores, recuperar el campo invadido de retamas, pinos y tabaibas, y volverlos agrícolas y ganaderos. Entonces, había valores. La tierra, es nuestra esperanza; sin ella, solo cabe la miseria antes, y después la muerte. La isla (e islas), no puede ser un lugar para turistas; antes, estamos nosotros; la tierra es nuestra. Ella, si nos dejan cultivarla y tener animales, nos da de comer, nos da trabajo, nos da alegría y vida. La tierra, es la herencia que hemos recibido, debemos trabajarla, para que nos alimente como a los que nos han precedido. Debemos volver al ayer.

Los años 50-60, fueron años de desarrollo; desde entonces, hemos retrocedido al panorama actual. Lo de ahora, es algo descabellado (que no se pueda tocar la tierra, ni te dejen hacer nada [levantar una pared si se cae, un chupenco para algo, un nada. Ni siquiera vallar para proteger lo que plantas, porque te multan y obligan a quitar la valla –pero no la multa-]). Medio ambiente y el seprona, busca constantemente un enfrentamiento con el campesino, al que ven como un enemigo del medio, que ellos defienden. Y esto, es un absurdo mayúsculo: nadie defiende mejor el medio ambiente que el campesino, pues de él vive, si lo dejan y no se lo impiden, que es lo que está pasando.

Los campesinos, van quedando en minoría, y cada vez es mayor el peligro de su desaparición, motivada por el miedo a medio ambiente y seprona. Los hay que por el acoso y multas, con cárcel incluida, se suicidan y se quitan de en medio, y todo por limpiar un camino y poder llegar a donde cultivar. Por tanto, se mata al campo y al campesino. Ya no se ve una cabra en toda la isla; cada vez, menos tierras cultivadas. Todo se asilvestra y embosca, favoreciendo así los incendios y la imposibilidad de apagarlos al estar todo lleno de maleza protegida.

El campo, es víctima del gobierno y del cabildo que tienen por brazos al medio ambiente y al seprona, que persigue y observa permanentemente al hombre del campo, para parasitarlo, y no dejarlo mover un pajullo. Se prohíbe hacer lo que siempre se ha hecho (cuidar del campo y vivir de él). Cualquier acción desarrollada en el campo, tiene sus correspondientes artículos de castigo y pena. No te dejan hacer nada. No te permiten hacer algo. Ningún recurso ya, viene de la tierra (todo vienen de fuera).

Al hombre del campo, ya solo le queda huir. También esconderse. Vive con miedo, asustado. Se olvidan tradiciones, costumbres, usos, normas, leyes, remedios, artes, sabiduría, cabañuelas, trabajos, aperos, oficios, etc., etc. Y el hambre nos cerca; y no nos dejan luchar contra ella. Una retama, vale más que un cercado; una tabaiba, más que una finca; un pino sustituye a una higuera, castañero o nogal; cañas, zarzas y escobones, sustituyen millos, papas y coles.

Hay que acabar con este atropello. El hombre del campo, vive atrapado en su casa o cueva, cual si fuera su cárcel. Cada hombre del campo, es un preso del seprona y del medio ambiente, que lo vigila día y noche y a todas horas, por tierra y aire. El hombre del campo, vive penado sin poder hacer nada en el campo. Y el campo no se rehabilita (lo tienen sellado, cerrado, protegido). El campo, estaba lleno; cada vez, se vacía más. Las poblaciones están sobrepobladas, están hacinadas; la alimentación, no es la adecuada.

Todo esto es grave; y nada preocupa esto a gobierno-cabildo-ajuntas y mientos. Nadie –salvo un servidor-denuncia nada de esto. Tanto es el miedo a represalias y a otras. Se viola el derecho de vivir de la tierra de uno, la que tienes que dejar de cuidar y plantar en ella –tierra de cultivo- pinos, como castigo, más multa, e inutilizar tu finca así. Cárcel tres meses y 300.000,00 euros, por plantar unas parras en un trastón y hacer las bancadas para las mismas: obligado (cárcel y multa, además a arrancar las parras y devolver la forma anterior al terreno y dejar nazca y vuelva a él la maleza (Subida a la Caldera Doramas). Un gobierno, que castiga a quien debiera premiar, es un mundo al revés, o un desgobierno.

No hay lugar a la esperanza. La política es pura corrupción y abusos; trabajar la tierra, es un delito; limpiar el terreno, es algo muy grave o gravísimo (la máxima pena); las cifras por multas, asustan. Mueren los viejos, y se llevan su sabiduría a la tierra, sin dejarla a sus herederos o descendientes, no pueden. No hay trabajo; hay paro, y tenemos el campo esperando se le cultive y, ¡nada! ¡Ni se te ocurra, porque te caen encima con la ley y te aplastan! Esto, estaba lleno de pastores, y ya no se ve ni uno. Y son ellos, los que con sus ganados imposibilitan los incendios, pues, ¡ni por esas! Se fomenta y potencia la cría de perros. Cada vez, más pobreza. Da la impresión, el dueño de toda la tierra, es el cabildo, que cuida su finca con un doble ejército, para que nadie mueva una piedra. Nos han “robado” la tierra.

Se castiga al que quiere trabajar en su tierra. Ese es el crimen de inocentes campesinos, que quieren hacer lo que aprendiera de niños, y no se lo permiten. Ser campesino es, algo pero que ser terrorista: se le vigila, se le persigue, se le acosa, se le multa, se le castiga. Todo porque “no tiene permiso” y porque “eso no se puede hacer”. Hay una guerra horrenda declarado contra el inocente campesino, que ose hacer algo en lo suyo. Es juzgado, y sentenciado por ello. Su crimen o delito: querer cultivar la tierra o tener un animal que no sea un perro. Y no son dos o tres, sino miles y miles. No hay hombre del campo, que no haya sido sancionado o multado por algo, y ello más de una vez. Ese es el daño cometido. Obligado a deshacer lo que ha hecho (si pongo ejemplos, no acabo). Abusos y violencia contra el campesino (agricultor o ganadero).

Y no dan marcha atrás, no te dejan sembrar, ni plantar nada en lo tuyo, si se nació una retama o tabaiba, escobón o pino. No se respira aire de libertad (ni de propiedad). Cada vez, se abandona más el campo. Hay lugares, donde ya no queda nadie en el campo; lugares fantasmas, de casas y alpendres, cercados y corrales abandonados. Medio ambiente y seprona, llegan hasta los lugares más recónditos y apartados. La gente huye, forzada a refugiarse en las poblaciones. No hay desarrollo. Sin materia prima, es imposible se tenga industria alguna. La crisis, no ha comenzado...

El Padre Báez.

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