miércoles, 29 de agosto de 2012

Tres refranes

Tres refranes:

“Si quieres mojarte todo el año,
planta nogales y castaños”.

          “Si quieres mal a un vecino,
plántele cerca un pino”.

“Si el alcalde corta pinos,
¿qué no harán los vecinos?”

Antes de comentar lo que a simple vista entendería hasta un tonto, voy a decir, que el refrán, es una verdad incuestionable; se trata de la experiencia vivida durante siglos, que recoge en una frase corta, la sabiduría popular; y si algo más hubiera que añadir, es que el refrán, es algo cierto e indiscutible, y por ello, su importancia.

El primero de los tres (“Si quieres mojarte todo el año, planta nogales y castaños”), debe tener como mínimo trescientos años, pues me lo contó el Profesor Reina, q.e.p.d., que se lo escuchó decir a su abuelo; y cabe pensar en buena lógica, que su abuelo cuando menos se lo oyó decir a su padre, y éste a su vez al suyo, y así hasta el origen desconocido del mismo, pero que él lo refería –en conversación con un servidor- diciéndome que si en lugar de los omnipresentes y únicos pinos que se plantaban y planta en la Cumbre y resto de la isla, se plantaran nogales y castaños, tendríamos agua en gran cantidad. Y añadía él, que los castañeros tienen una propiedad tal, que atraen –éstos sí- el agua. Y la verdad es, que éstos se dan en zonas de umbrías, y la parte de los mismos que miran al norte tienen siempre el musgo verde de quienes atraen el agua. Otro tanto decía de los nogales. Conque, con lo dicho, sobra, desde el saber centenario, sino milenario, que para tener agua, sobran los pinos. Y cierto y verdad es, que cuando en al Cumbre solo habían nogales y castaños, llovía y habái agua de sobra; se plantaron los pinos, y el agua ha desaparecido. Pero, añadamos sobre los pinos, los dos refranes siguientes.

Del segundo refrán, cabe decir, que lo peor que se le puede hacer a un vecino a otro, es plantarle -como dice el refrán (“Si quieres mal a un vecino, plántele cerca un pino”)-, plántale un pino. De la verdad de este refrán tengo la experiencia de un señor, que me llevó hasta su finca, para que viera in situ, lo que hacen los pinos. Pues, tenía él –y tiene- una finca pegada o lindante con la de un vecino, con el que se han pelado, se han metido en justicia y se odian y por tanto ni se quieren ni se hablan, pues que a lo largo de la finca por donde se unen, el otro le plantó una hilera de pinos, que de pequeños, nada hacían presagiar lo que sucedería en pocos años; los mismos que tardaran en crecer, que buscando éstos el agua, le han roto un estanque y lo tiene como un seaso, donde no retiene ni una gota de agua, porque los pinos limítrofes se han encargado de romper la gran obra de cemento, y se han llegado hasta la aljibe, veteándola toda, como al estanque; pero no acaban ahí los males del vecino con los pinos en lo suyo, que le afecta a éste, en cuanto plantado tenía o plante, que envenenada la tierra, nada puede cosechar, ni comer de sus cultivos, porque los pinos no le dejan salir absolutamente nada (a quien lo desee, estoy dispuesto a llevarlo hasta el lugar, que por prudencia guardo secreto aquí, para que lo vea y se convenza, si es que duda de lo que es una verdad como un templo).

Y vamos con el tercero, para no cansar a nadie. Se trata del siguiente y último (“Si el alcalde corta pinos, ¿qué no harán los vecinos?”). Está claro, y así lo recoge el refranero, que la autoridad, sabiendo del daño que los pinos ocasionan, los arrancaba o cortaba (cosa que debiera hacer el cabildo, si quiere cambiar la suerte y el futuro de esta isla, que camina hacia la desertización, envenenamiento e incendios con los pinos), que si eso hace el alcalde, ¿qué no deben hacer lo vecinos? Pues, sencillamente, otro tanto. Pero, protegidos los pinos, cuales si sagrados fueran y de ellos viviéramos, nadie se atreve a cortarlos, ni a desaparecerlos, porque se buscaría la ruina y la cárcel. Sucede, que no es que esté uno en contra de este árbol, ni contra ninguno; pasa, que los pinos tienen su espacio, que no es otro sino el que hay entre rocas y riscos, donde se hacen fuerte, y se endurecen con madera válida; y no como los que plantan en llanuras o valles, por lo que son débiles y sus maderas ni sirven para nada, pues hasta por el excesivo humo que echan, no es apto, ni para el fuego. Por tanto, si el alcalde –una persona importante (entonces)-, cortaba los pinos, los menos importantes, debían imitarlo y hacer otro tanto. Es decir, arrancarlos.

Así que, si se ha de mirar a la experiencia y a la ciencia (o saber popular, tan importante como el filosófico, matemático o científico), el refranero nos dice lo que debemos hacer. Ya debieran las autoridades hacer lo que el alcalde del refrán; no hacer daño a ningún vecino; y, si quieren agua, que como decía el abuelo del desaparecido profesor Reina –enemigo de los pinos, como un servidor- planten nogales y castaños.


El Padre Báez.

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