martes, 6 de marzo de 2012

Destrozos en yacimientos arqueológicos


Creo, que a las alturas del presente, a nadie se le esconde, que uno es, un apasionado de la arqueología y sus yacimientos (lo mamé de mi padre, que me lo inculcó, antes de tener hasta uso de razón, y por ello, lo llevo en la sangre, y todavía, cada vez que me acerco a un yacimiento guanche -otros dicen “aborigen”-, tiemblo de emoción, y se me pone la carne de gallina), y no crea nadie, que vengo con el alegato, de los que faltos de cultura y con mucho de gamberrismo, que se acercan no solo a vivir en estos lugares, sino a dejar la huella de su paso, que no visita, sino que la cosa es mucho más grave –inclasificable- al venir desde las alturas del Gobierno, Administración, Cultura (Cabildo), y permisividad de los ajuntas y mientos; y nada digamos de los que permanecen en propiedades privadas, en el mayor de los abandonos, y en la mayoría, unos y otros con más restos del ganado, que de los que lo habitaron dejando: grabados, pinturas, huesos, cerámicas, piedras, conchas, pintaderas, etc., etc.
Y así la cosa, allá donde haya un yacimiento, y lo -desgraciadamente- hayan restaurado, nos encontramos, con lo siguiente (y lo malo, es: que la cosa sigue igual, sin cambio alguno):

Primero, sin respeto alguno, a lo que es la Historia y en ella el Patrimonio
(recuerdo -aunque no hace falta- un servidor es Licenciado en Historia de la Iglesia, y esto, me capacita, para decir lo que sigue y antecede), que cada vez que han intervenido -y siguen haciéndolo- en un “sagrado” lugar, como corresponde tratándose de lo que es, han hecho un cambiazo tal, que se puede decir, que ningún guanche anterior al siglo XV -si resucitara-, no reconocería el lugar, por la transformación a la que sometieron al yacimiento, que lo devuelven nuevo y distinto. Me da la impresión -lo afirmo- que más que historiadores, los así llamados “restauradores (restan mucho)”, más que de historiadores, se rodean de arquitectos, y este es el primer fallo (sin que de alguna forma, al tener también su parte, en el pastel).

Segundo, que esas intervenciones en nuestros yacimientos, sean para introducir un material desconocido por los guanches, con lo que aparece después de restaurado, algo nuevo y distinto, cuando tenemos piedras para dar y exportar –el único materia usado por los guanches-, nos meten en los yacimientos un material traído de fuera, con lo que amplían negocios, y otros, cargándose con el cuento de modernizar lo guanche y actualizarlo, con algo que deforma y cambia el yacimiento, dejándolo irreconocible, donde lo mínimo y a gran dificultad, se puede encontrar algo de lo primero o auténtico, porque le cambian todo-todo. Y es que creen mezclar modernidad con lo clásico, es posible (no sé si habrán copiado en ello a Grecia, Italia, Turquía, Egipto, etc., etc., donde lo restaurado conserva la pureza de lo antiguo).

Tercero, me preocupa, ¡y mucho!, que lo que era de los guanches, cambie de autores, y la firma u obra de un arquitecto y restauradores, aparezcan, tapando a los verdaderos autores, a los que les borran y hacen desaparecer cuanto dejaron (por eso, mil veces he dicho la mejor restauración, es no restaurar –al menos, que siga así): que el resultado de unas tales intervenciones, es algo nuevo y diferente a lo anterior o a lo que había y era. Esto: preocupa mucho a un servidor, porque eso, eso es de todos, de la humanidad, y andan borrando nuestras señas de identidad. Es hasta peligroso, y punitivo. Hay que preservar, y no que cambiar.

Cuarto (aunque sea reiterativo), no se puede cambiar o transformar (poder se puede, pues de hecho lo hacen), no se debe dar a algo anterior al siglo XV, con visos del siglo XXI, y que pase por ser de aquellos tiempos, que retroceden a veinte siglos o más hacia atrás.

Quinta, que cualquier cosa que tocan estos desalmados, lo convierten de inmediato -además de los destrozos y cambio de cara y hechura- en algo rentable, al margen de la cultura, el arte, el patrimonio, el yacimiento, etc., de inmediato, todos van a lo mismo, a meter en el yacimiento -que es lo que luce y se ve- un área no sé de qué, donde no falte un museo, un centro de interpretación, venta de no sé qué, un restaurante, muchas mesas y sillas, retretes, aparcamientos... pero, ¿y esto qué es?, ¿dónde queda el yacimiento? Solo se queda en “miento”, ¡qué pena!

Sexta, según todo lo anterior, es que demuelen y sustituyen por nuevas obras junto a, dentro de, encima o sobre de, nuevas construcciones, que nada tienen que ver con el original, y que lo absorbe y diluye, dejando en nada o en muy poco lo que había (pasa por mi mente de continuo, lo hecho en el Maipés, en La Guanche, en... ¡todas partes!). Es decir, te lo remodelan todo, saltándose las normas, leyes, artículos, y demás acerca de la protección (pues hay legislación al respecto, y se saltan a la torera el asunto).

Séptimo -más de lo mismo-, que cambian de tal forma la fisonomía del yacimiento, que queda alterado, distinto, cambiado, y ello, porque -como en los casos citados- pasan cuales allanadores de cuanto original había, derribando cuanto moleste a nuevos planeamientos,  y lo peor -ya dicho (y repetido)- es que te meten elementos, cuerpos y figuras, que chocan frontalmente con lo que había y es (pues a ver, ¿qué pinta un restaurante en un yacimiento? -por poner un ejemplo-). Y nada digo ya de esas interminables y omnipresentes avenidas de acero corten (planchas de hierro), en todos los yacimientos (¡chiquito negocio que se traen algunos a costa de los yacimientos -lo digo, “presuntamente”-).

Octavo, que no podemos, ni debemos seguir permitiendo, que con lo más “sagrado” -fuera de Dios-, se esté manipulando de tal forma y manera que se cambie, se altere y no se conserve, lo que ha vencido siglos y ha llegado al presente -por desgracia- porque como lo toquen, lo desfiguran, lo cambian, y ello al añadir, además  elementos y formas, obras y cambios que no vienen a cuento, y no son de recibo.

Noveno, en cuanto a añadidos, les meten: accesos, rampas, cubren, escaleras, hormigón, hierro (cortén), cristal, etc., que trasforma la realidad venida de atrás, haciéndola del presente, cual si los guanches, utilizaran estos elementos y nuevos usos y habitáculos con decoración y muebles del presente, que desdicen de auténticos y buenos restauradores, deformando y dañando la totalidad y originalidad del yacimiento, y ello a pesas de haber llegado a nuestros días, para ahora cambiarlos. No, no es de recibo, y eso debe ya parar, y cambiar; mejor: ¡ni tocarlo (solo habría que protegerlo)!

Décimo, que no se recupera el ayer, sino que derriban y destrozan el pasado, y parece todo esto con el aplauso y beneplácito de la clase política –analfabeta en estos asuntos- que no frenan este desaguisado, que va tomando cuerpo y estilo en una malsana costumbre de romper con lo original y autentico.

Undécimo, no está bien juntar lo último y lo más actual con lo que es de otro tiempo, siguiendo pautas de última hora arquitectónica, sin que la historia cuente para algo, y se salten a la torera otro arte mayor en años y valía, por algo pasajero y de moda, que nada dice ni complementa, sino que afea y destroza, desapareciendo la primigenio.

Duodécimo, que estamos hollando y mancillando lo que puede ser de siglos antes de Cristo, y después de Cristo, pasando por todos ellos (III, II, I. + I, II, III, IV, V, VI, VII, VIII, IX, X, XI, XII, XIII, XIX y XV), sin el menor respeto a la Historia y al Arte. De alarma es el asunto, y ya es hora, el pueblo pare este desaguisado y atropello a lo más valioso que tenemos, y que como sucede en otros países donde el patrimonio arqueológico les da de comer, enseñando sus yacimientos (eso, nosotros nuca podremos hacerlo con lo restaurado, porque es algo falso y falto de rigor por su restauración).

Decimotercero, no guardan el estilo propio, y eso crea algo feo, antiestético, desagradable, anormal, y porque de forma salvaje y brutal, han hecho cuantos disparates han querido sin justificación alguna, y simplemente por ignorancia y falta de asesoramiento en arte, historia, verdadera arqueología, artistas, etc., es decir un personal cualificado y que trabaje aglutinando o interdisciplinariamente. Miedo tengo por lo proyectado y ya comenzado en este nuevo periodo, en el que si Dios no lo remedia -y no es cosa Suya- nos vamos a quedar con menos yacimientos auténticos, y siguen destrozando los de mayor importancia y valor a modo y semejanza de lo ya hecho, y con el visto bueno de quien debiera mandar a parar se siga por esa senda. Algún organismo supra nacional, debiera castigar y penalizar a los autores y consentidores de tales atropellos.

y Decimacuarta, entre el ayer y el hoy, no puede, ni cabe amistad y mezcla, sino respeto mutuo; no puedo poner en algo de un estilo distinto poner algo nuevo (no he vito -ni se verá- se restaure un edificio románico con elementos góticos; ni éste, con elementos neoclásicos). Hay que respetar cada estilo, y el guanche, no calza con lo más y ultra moderno; ¡no! Pues, se están cargando la Historia, nos borran nuestros yacimientos, y perdemos identidad, raíces, estilo..., y en ello, se nos va el patrimonio recibido, poco a poco, lo van desapareciendo.

Toda vez, que estamos en Cuaresma, les he hecho este peculiar “vía –crucis” del patrimonio arqueológico, pasando por las “estaciones” de sus yacimientos.

El Padre Báez (Licenciado en Historia por la Universidad de Comillas. Madrid. 1980).

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