jueves, 22 de marzo de 2012

2ª Carta abierta a Jaime Llinares Llabrés:


Intentaré por todos los medios, no herirle, ni faltarle, pero quiero decir como él ha hecho en el periódico de La Provincia, del día 21 de marzo, en la pág. 26 y en el espacio “mares profundos”, como él, -repito- “diciendo la verdad”, decir, las que creo.

Me da pena, se aproveche de la Iglesia, para ofender y faltar el respeto a sus jerarcas -¡y eso, que fue jesuita, y como tal en su día profesó un cuarto voto de obediencia y fidelidad a la Iglesia!-, y ahora abandonada o dejada la Compañía, pero no el sacerdocio –aunque no lo ejerza- se dedique a zaherir y mofarse de la que fue su amada Iglesia, que ahora, parece odiar.

Me da pena, que un servidor, que estudió con los jesuitas la Historia de la Iglesia (en la Universidad de Comillas. Madrid), y por ello los conozco, y más cuando para defender mi tesis: “Los jesuitas del Perú, en el siglo XVI y el problema del Clero Indígena”, profundicé entrando, en la “Monumenta Peruana (más de 2.000 documentos del siglo XVI)”, que recoge todo lo relacionado con el Perú y la Compañía de Jesús, -de la que a diario (y va por la 182 entrega, en mis popurríes), doy a conocer parte de dicho trabajo-, me sorprende que alguien salido de esas filas, se dedique –entre otros asuntos (la psicología o psiquiatría)-, a lo ya reseñado.

Me da pena al citar a Cáritas -con ser verdad-, añada a la Cruz Roja, como si a la par, rivalizaran en ayuda a los pobres; pero eso es “pecata minuta”. Lo gordo viene cuando en plan de mofa mezcla el catolicismo con todo –él, parece fuera de esta categoría o religión-; que cuando se refiere al Cardenal Antonio María Rouco Varela, (le quito tratamiento, pero él se los pone en plan peyorativo), lo llame “purpúrea eminencia”; pero no conforme con esta descalificación, lo que éste escribe, no son cartas pastorales, sino “cartas pastoriles”; que siga llamando a los militantes de la HOAC y la JOC, “sus hijos”. Pero es que no acaban ahí los despropósitos de este buen hombre –que parece resuma resentimiento y amargura, un trabe o fijación patológica, propia para psiquiatría o psicólogo- que añade lo de “violáceo paje, mi señor Martínez Camino”, con referencia a un Obispo (sucesor de los Apóstoles de Jesús).

En fin, que mi vedad, es que me asombra, que alguien que es sacerdote, que fue jesuita, que es un hombre culto, que se dedica a la psiquiatría o psicología –dicho sea de paso, con muy poca estima entre el gremio, según me informan, que no lo aceptan entre ellos, por sus...- que se dedique, una vez y otra, y siempre a echar o tirar piedras sobre el que fue su tejado, como que no lo entiendo.

Por supuesto, nadie le va a quitar la libertad de decir lo que quiera, pero creo que hace muy mala publicidad de su profesión actual, cuando usa a la Iglesia para todas sus diatribas, quedando pringado él, más que la Iglesia a la que intenta manchar. Y no sé quien dijo esto o algo parecido: “Yo, que tú, no lo haría”; por sí mismo, por la Iglesia santa y católica, apostólica y romana; la nuestra y la que parece fue suya.

Padre Báez.

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