martes, 31 de mayo de 2011

LOS CANARII Y EL CRISTIANISMO EN EL NORTE DE ÁFRICA

    La cristiandad africana hunde sus raíces desde la era Apostólica alcanzando a los canarii. Una tradición muy antigua asegura que el primer cristiano que llegó a Alejandría para predicar la nueva religión fue San Marcos, que no excluyó a los canarii. Esto sucedía en el año 61 de nuestra era, justo en ese antes y después cuando los canarii vienen o los traen a estas islas. Los países del norte de África, desde los primeros siglos, sin excluir a los canarii, fueron la patria de muchos santos y santas, grandes teólogos escritores y mártires.    Las Actas de los mártires escilitanos en África son el documento histórico más antiguo de la Iglesia africana y, al mismo tiempo, el primer documento fechado en lengua latina que poseemos del África del Norte. Las Actas proconsulares de San Cipriano, obispo de Cartago, que fue ejecutado el 14 de septiembre del 258, se basan en relaciones oficiales unidas entre sí por unas pocas frases del editor.

 
    Aunque desde la fecha indicada, que entra el cristianismo en África, el período histórico de la Iglesia africana empieza en el año 180 con algunos grupos de mártires. Así nos lo atestiguan entre otros los escritos de Tertuliano que nos indican la rapidez con la que el cristianismo en África había crecido, expandiéndose por todos los rincones (alcanzando a los canarii que tienen hasta su propio Obispo [no voy a repetir lo que al respecto ha escrito Don Antonio Cubillo]). Sobrepasaba las líneas militares romanas, y se había difundido entre la población del sur y del sureste del Aure, por donde estaban los canarii, por tanto.
 
    Alrededor del año 200, hubo una persecución violenta en Cartago y en las provincias en poder de los romanos. En cuanto a sus diferentes fases, podemos obtener información de las actas del martirio de santa Perpetua y de los tratados de Tertuliano.
No obstante, ni siquiera entonces dejó el cristianismo de hacer conquistas distantes. En Aumale se han encontrado epitafios cristianos fechados en 227; lo mismo que en Tipasa, en 238. Estamos en el sigo III, justo cuando se nos dice arribaron mayoritariamente a estas islas los canarii, que le darían nombre a las mismas.
   


    La Pasión de Perpetua y Felicidad narra el martirio de tres catecúmenos, Sáturo, Saturnino y Revocato, y de dos mujeres jóvenes, Vibia  Perpetua, de veintidós años de edad, de noble nacimiento, instruida en las artes liberales, honrosamente casada, que tenía padre, madre y dos hermanos, uno de éstos catecúmeno como ella, y un hijo, que criaba a sus pechos, y su esclava Felicidad, que estaba encinta cuando la arrestaron y dio a luz una niña poco antes de morir en la arena. Sufrieron martirio el 7 de marzo del 202, en Cartago.

    Son más de mil los santos del norte africano de estos primeros siglos del cristianismo en África. Reseñemos solo unos pocos, como son los  nombres de san Cipriano de Cartago, de los mártires de Massa Candida, de Teógenes de Hipona, Agapito y Secúndulo de Cirta, de Santiago, Marciano y otros; de Luciano, Montano y sus compañeros, y una lista que llegan al millar (repito). Destacan, entre ellos: Clemente de Alejandría, Orígenes, Tertuliano y San Agustín.
 
    Se ha de tener en cuenta, que la literatura eclesiástica del África cristiana es la más importante de las literaturas cristianas latinas. Y el primer nombre que se nos presenta es el de Tertuliano, un escritor admirable. Tertuliano se negó a hacer de la apologética cristiana algo meramente defensivo; apeló a la ley del Imperio, reclamó el derecho a la existencia social, y tomó la ofensiva.
 
    Otro ejemplo sobresaliente es el de San Cipriano: la correspondencia, tratados, y sermones de san Cipriano, Obispo de Cartago, pertenecen aproximadamente a mediados del siglo III, la correspondencia constituye una de las fuentes mejor valoradas de la historia del cristianismo en África y el Occidente en esta época. Aunque indudablemente, san Cipriano ya era un orador antes de ser obispo, no iguala a Tertuliano en cuanto a estilo. Sus tratados están bien compuestos, escritos con arte; no contienen, sin embargo, esa abundancia inagotable de puntos de vista y perspectivas que constituyen el único privilegio de ciertas personas de mente elevada
    Tenemos el caso de Lactancio, que más culto y más literario, solo pertenece a África en razón de la riqueza de su genio. Llamado también el Cicerón cristiano. Entre sus escritos destacan los siete libros sobre las Instituciones divinas, que constituye el primer intento de redactar en latín una suma de toda la fe cristiana. Su enseñanza se desarrolla preferentemente dentro del campo de la moral natural (la de los guanches, venidos de los canarii); es muy inferior en los aspectos estrictamente teológicos. También por esta razón, Lactancio no es contado en el número de los Padres de la Iglesia, sino en el de los escritores eclesiásticos.
    Y llegamos al nuestro, al santo más grande que haya tenido la Iglesia, el que le puso fundamento teológico y filosófico, bereber como los canarii, de la misma estirpe y raza que nosotros los guanches, (ver mi obra: “El Canario San Agustín”). La obra literaria de san Agustín está tan estrechamente conectada con su trabajo como obispo, que resulta difícil, en el presente, separar a una de otro. No escribía por escribir, sino con una finalidad. En cuanto a la teología, sus obras han dado al cristianismo -¡un canarii- un impulso cuyo efecto se ha hecho sentir durante siglos, y llegan al presente y son la base del futuro; la doctrina de la Trinidad le proporcionó material para la exposición más acabada que pueda encontrarse entre los trabajos de los doctores de la Iglesia. De todas las numerosas obras de san Agustín, las que ocupan un primer lugar, primer lugar también entre los escritos cristianos, son: las “Confesiones”, la “Ciudad de Dios”, y el “Comentario al Evangelio de san Juan”.

    Los escritos de los autores africanos, como Tertuliano y san Agustín, están llenos de citas sacadas de las Sagradas Escrituras. Estos textos fragmentarios están entre los más antiguos testigos de la Biblia Latina, y tienen mucha importancia, no solo, en conexión con la formación del estilo y vocabulario de los escritores cristianos de África, sino respecto del establecimiento del texto bíblico.
África está actualmente representada por un grupo de textos en los que se preserva una versión comúnmente conocida como “Versión Africana” del Nuevo Testamento. Los obispos africanos accedían a permitir que se hicieran correcciones en una copia de las Sagradas Escrituras, o incluso alguna referencia, cuando fuera necesaria, al texto griego.
    Pero, como sucede al presente en el siglo XXI, XX siglos es la historia paralela, de los que se separan de la Iglesia, herejes, sectarios o cismáticos, siempre los hubieron, mientras la Iglesia continúa impertérrita la navegación con la verdad, más allá de esos desgajados, y así se puede decir que el cisma en el norte de áfrica se agudiza por varias razones, destacando las herejías (como las del presente, llenas de odio a la Iglesia de la que se salieron y a la que atacan inmisericordes, cuales lobos furiosos llenos de odio y rencor satánico), que a la vez originaron controversias y fueron las diferentes posturas en torno a ellas las que marcarán las divisiones entre los cristianos.
    Lapsi es la palabra latina (los que han tropezado) con que se designó a los primeros cristianos que abjuraron de su fe ante la presión de las autoridades romanas. ¿Quiénes eran los lapsi?: los que consintieron en hacer sacrificios a los dioses romanos o a la imagen del emperador, los que obtuvieron un certificado por parte de las autoridades donde constaba que habían abjurado del cristianismo y hecho ofrendas a los dioses. Muchos de estos certificados se obtuvieron también por soborno o de forma apócrifa. Los que realizaron acciones directas para salvar su vida o admitieron falsedades bajo coerción. Los que entregaron a las autoridades las Escrituras Sagradas
   
    Contamos también con el Donatismo: comenzó a considerar traidores de la fe a los cristianos que durante las persecuciones se retractaron de su religión. Todos los ministros que incurrieron en esto eran indignos de impartir los sacramentos. En la misma época, la admiración de los cristianos africanos a sus mártires se convirtió pronto en culto exagerado, al margen y aun en contra de las normas de la autoridad eclesiástica. Mensurio, obispo de Cartago, atacó severamente tales manifestaciones de piedad privada encontrando fuerte oposición popular. Esta posición extrema fue conduciendo al cisma de la Iglesia del Norte de África. Mensurio murió ausente de Cartago, sucediéndole Ceciliano, consagrado obispo por Félix de Aptunga. Ceciliano comenzó su episcopado frente a una fuerte oposición en la que se unían el odio de una mujer rencorosa (Lucila) y la frustración de unos eclesiásticos que ambicionaban el episcopado, y la avaricia de otros que habían despilfarrado los bienes de la Iglesia durante la ausencia de Mensurio.
    El año 312, Donato, consumó el cisma y basó su ataque a Ceciliano en dos motivos igualmente falsos: que era contra la tradición el haber consagrado a Ceciliano en ausencia de los obispos de Numidia. Que el obispo consagrante, Félix de Aptunga, era un traditor. El emperador Constantino trató, sin éxito, de enmendar el cisma y el Sínodo de Arlés en 314 condenó a Donato, pero eso no terminó con el cisma, que prevaleció el norte de África por mucho tiempo más. A la muerte de Mayorino (315) fue elegido para sucederle Donato. De modo inexplicable, consiguió que Constantino les concediera (5 mayo 321) la tolerancia. En el año 330 entran en escena los circunceliones. Cae sobre el donatismo todo el peso de la autoridad civil: el 348 son desterrados cuantos donatistas no quisieron volver a la unidad y, entre ellos, el propio Donato que morirá en el destierro el a. 355.
 
    Y como sucede con el protestantismo los hay que protestan del mismo protestantismo ramificándose casi hasta el infinito (dos nuevas sectas cada día, término medio), fue aquel un periodo de cismas dentro del cisma, y así aparecieron (solo los enumero): los de Pameniano: Urbanistas, Claudianistas, Rogatistas, Maximianistas, etc. Son fracciones que disienten de Parmeniano (sucesor de Donato, que rige los destinos del donatismo hasta el a. 391). Critican sus métodos violentos o están en desacuerdo doctrinal), pero tampoco quieren unirse a los católicos. Por estas fechas escribe Parmeniano su apología donatista. La refutación la realiza S. Optato de Mileve (320 y 392) quien es el autor de la primera apología escrita contra los ataques donatistas. Pero la época de oro de la apología católica antidonatista (393-412) está representada por la actividad y los escritos de S. Agustín. Convencido de que la misma fuerza de la verdad concreta su pastoral frente al donatismo en estos puntos: no coaccionar a los donatistas, exponer incansablemente la verdad y conseguir un debate público entre católicos y donatistas. Se trataba sencillamente de exhibir los documentos oficiales, que comprobarían la verdad de los comienzos del cisma, y de discutir doctrinalmente el principio donatista de la necesidad del estado de gracia en el ministro para conferir válidamente un sacramento. El delegado oficial del emperador en la Conferencia de Cartago dio definitivamente la razón a los católicos, obligando a los donatistas a volver a la unidad bajo pena de confiscación de bienes y prisión o destierro. Es el fin oficial del donatismo, aunque todavía muchos siguieron rebeldes y persistieron en sus abusos a pesar de las represiones del emperador Honorio (395-423). Fue una subsistencia debilitada, con un precario resurgir durante la dominación de los vándalos, para extinguirse definitivamente a la llegada de los árabes...
 
    Ruego, al amable lector de este cometario, disculpe la extensión del mismo, pero a ver si así acallo y callo a los ignorantes que no aceptan la fe cristiana de los guanches, a pesar de las pruebas evidentes, que nos han llegado a través de la tradición y las Crónicas: vivía las virtudes cristianas en grado sumo, se bautizaban, tenían un clero y sus vírgenes consagradas, sus templos (almogarenes), ritos (ofrendas), etc., etc.
 
    El Padre Báez, que hoy dejó salir al profesor de Historia de la Iglesia que lleva dentro, aunque con una apretadísima síntesis, para no indigestar a nadie, pero eso es lo mínimo que se puede decir de la fe de los canarii, que no vivían en un gueto aparte, ni en una burbuja impenetrable, sino en el ambiente y época que les tocaron vivir, y fueron ellos -y no los castellanos- los que trajeron antes el catolicismo a estas islas.
 

 

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