viernes, 1 de julio de 2011

OTRA DE MIEDO AMBIENTE
 
    Así me lo contaron y así se lo cuento (aunque las consideraciones y previos, son míos, para una mayor comprensión). Que sabido es, que el gofio ya no huele a gofio como olía antes, que te abría el apetito con solo acercarte al molino o fábrica, y ello porque era de millo de aquí; ahora de aquí, es la molienda, pero no el gofio, ya que el millo, viene del quinto pino, ¡vaya usted a saber!; lo que si se sabe, es que el millo dichosos ese, es millo transgénico, y esa es la razón, por la que ni huele, ni sabe a nada, sino que te da una acidez, de diablos  y demonios, que buscas cerveza o lo que sea a ver si se te pasa la pella o el mal trago; pues, que ahora, lo que me contaron -con mis añadidos- que el buen hombre, plantó o sembró su millo, y como fruto de su siembra o plantío, cogió sus buenos sacos de piñas, que puestas al sol, y desganadas -por mor y gracia de una maquina  a tal fin- se dispuso a llevarlo al molino, para hacer de su cosecha, el mejor gofio, y éste sí gofio de aquí, del bueno, del mejor, del que huele a golosina, aparte el molino- que para asegurarse su color y quemado, él mismo, se dispuso a tostarlo, y para ello, en sus tenique de fogal, puso el tostador, y ¡amigo, en mala hora!, porque el dichoso humo lo delató, y antes de lo que canta un pájaro, ya estaban allí, los de medio o miedo ese o seprona, que este dato, me se quedó en el tintero, pero al fin y al acabo es lo mismo, por aquello de que monta tanto, tanto monta, que se les presenta en la trasera de la casa, en un chupenco, techado y todo, donde el humo, y le prohíben hacer fuego, porque con los calores, con el viento, con las temperaturas, con el verano encima, con el peligro de incendio, que si patatín, que si patatán, y que el bueno del hombre con su cochafisco prendido, dando razones, que lo de él no era hacer fuego, que lo de él era hacer gofio, que lo de él siempre desde que era niño, siempre, siempre lo ha hecho, sin incendios de por medio, porque  a ver cómo dos palos cruzados, debajo del tostador, y en un cuarto trasero, sin posibilidad de que nada arda, porque lo tiene todo limpio, gracias a sus cabritas, y tal, y la lucha, de quien no quería apagar el fuego, porque lo de él no era fuego, sino tostar el millo, faena, en la que no hay riesgo alguno, y tanto hablar y hablar, para que los uniformados, acabara la conversación, pidiéndole el documento nacional de identidad..., lo que sigue no se lo cuento, porque es de mal gusto, pero no les voy a dejar del todo rascados: que si el del cochafisco o tueste, los echaba fuera de lo de él, que si los otros, ¡mejor no sigo!, pero como a esos chistes sin textos a los que invitan al que lo ve -el dibujo- concurse poniéndole diálogo, piensen lo que quieran y terminen esta historia, que desgraciadamente, es tan real como Dios que está en el cielo, en su santa gloria; que un pobre hombre del campo se quedó sin gofio, porque ya le prohíben a uno hasta encender el fuego, que no es hacer fuego, sino cocinar y tostar el millo. Pues, éstas tenemos, y saque cada cual la conclusión que quiera. Ahí les dejo los datos, y me ahorro yo, el comentario, que bastante hago, con contarle, parte de lo que me contó alguien; algo, que da pena, dolor, rabia, indignación, ganas de coger una escopeta, de..., ¡yo qué se! A esto, ya no hay derecho, que uno no pueda hacer un pizco fuego, pá calentar un poco leche, o sancochar unas papas, que ni el que esto hace sea tonto del bote, o subnormal profundo, y que como consecuencia, vaya a haber un incendio que acabe con la isla. ¡es una pasada! Ya, ni gofio nuestro se puede comer, sino que seguiremos matándonos, no quemados por incendio alguno, sino por un millo transgénico traído del c... su m....., y que nos mata (repito, no con llamas sino con ardores de estómago pá reventarnos.

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