miércoles, 6 de julio de 2011

Af.1: SI USTED SE LLAMA...

   
 
    Si usted se llama Mónica, Agustín, Perpetua, Félix, Irene, Rufino, Felicidad, Cipriano, Basilisa, Leoncio, Eufrosina, Valeriano, etc. y así hasta casi mil nombres más, a ustedes les pusieron al bautizarlos, el nombre de un santo africano. Pero me doy prisa, para decirles me voy a ocupar solo de los primeros siglos del cristianismo (I al IV), y solo en el norte de África (por entonces, el África interior y del sur, eran desconocidas, por lo general y salvo pequeñas entradas o exploraciones). Es decir: vamos a conocer a los vecinos de los canarii, y deduzcan ustedes, si éstos, nuestros antepasados, vivían en un gueto aparte, en un globo o burbuja, o tal vez en las nubes, ajenos al entorno. Un entorno que en menos de cinco siglos, dio un millar de santos (justo cuando nosotros en estas islas, en seis siglos, solo hemos dado o conseguido uno [San Pedro de Bethencourt]). a Ver quien ahora va a dudar del catolicismo de los guanches. Empezamos:
 
    Dado que entramos en la África de los canarii, donde y cuando sus contemporáneos sobresalieron en tan alto y gran número de santidad, a ver cómo no les iba a salpicar a ellos la fe de los cristianos, cuando viven rodeados de ellos por todas partes. Y tanto en cuanto, nos vamos a mover en los solos los primeros siglos del cristianismo, a la par que decimos indagamos en nuestras raíces físicas, digamos y veamos se trata a la par, de nuestras raíces en la fe o en el cristianismo de donde venimos, pues los canarii no vivían suspendidos en el cielo incontaminado de la nueva fe o creencia (continuidad del judaísmo, si bien llevado este a su plenitud). Por tanto, también los canarii, compartieron ese pre-cristianismo o tardío judaísmo.
 
    Así que doblemente en los canarii, tenemos a nuestros antepasados, según la carne y según la fe. Y es que hay que ser muy ingenuo, para creer que la África actual, era la misma de entonces, ¡ni mucho menso! Entonces, no había allí hambre, ni las guerras actuales. Fue allí, donde floreció el cristianismo como en ninguna parte ni lugar, ni época. Que eran aquellas comunidades cristianas africanas, de las que más vivas, y las más dinámicas que jamás hayan habido. En ningún lugar del mundo, tomó el monacato protagonismo (todavía se llama al granero de Valerón “Cenobio”, ¡a ver de dónde vienen eso!), como en África donde nace. En África -la ya señalada- nació y se cimentó el monactao, y citemos unos pocos nombres, de entre los centenares de distintos monjes o/y cenobitas, entre otros grupos, los santos: Paconio, Pablo de Tebas, Antonio Abad..., pero no debemos olvidar que en la actual Argelia, allí vivió y escribió como nadie el gran san Agustín, de nuestra raza y condición (canarii), a quien nadie ha podido superar en teología, espiritualidad, sagradas escrituras, etc. También en Alejandría desde el 180 d.d.C. ya existe la gran escuela teológica alejandrina, de cuya luz el catolicismo ha bebido hasta el presente, siendo su máximo exponente el gran Orígenes (estamos a mediados del siglo III, cuando los canarii seguían pasando o viniendo a estas islas)...
 
    El Padre Báez, que ahora sí, comienza a dar datos, nombres, fechas, lugares, etc., para justificar lo que desde hace algún tiempo, vengo adelantando, pero sin precipitación, porque el tema es arduo, amplio y desconocido.
 

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