jueves, 26 de julio de 2018

La que se nos echa encima, poco a poco.
 
La que se nos echa encima, poco a poco. No hace falta ser catedrático en nada, y ni mucho menos economista ni nada, solo hace falta tener los ojos abiertos, y mirar para verla venir. Se está llenando la isla de pinos, para poder venderla después a los extranjeros, perdiendo con ello nosotros la propiedad (¡bueno, en cuanto damos permiso para plantar árboles frutales, que después el cabildo deja secar y los sustituye por pinos, ya esa tierra no es del dueño, pues protegidos los pinos, pasa a ser del cabildo). Es decir, todo de pinos primero, y en una segunda fase e inmediata, todo será lleno de ladrillos (entiéndase “cemento”, con lo que la isla parcelada y hecha cachos, cada pino tendrá su chalecito adjunto y la piscina de por medio). Es decir, estamos advocados irremediablemente a ello -y a ello nos lleva el cabildo- y al no poder producir absolutamente nada, con lo que solo ganamos en pobreza, y ya estamos y vamos en cabeza en ella, pero ésta la miseria- irá a más (seremos paupérrimos). Los pinos son el primer paso de esa condena y cadena que se nos cae o echan encima, y para que no la veamos venir o llegar, nos meten en el fútbol, cual si fuera una Religión, con fidelidad y creencia ciega, y con culto sabático y dominical, y entre semana y a diario según devoción particular o privada, la misma que e estimula y fomenta, que sabia y astutamente se la cultiva a través de los distintos Medios de Comunicación (prensa, emisoras de radio, internet, y televisiones) cómplices y comprados a tal fin. Pero, ahí no acaba este drama, porque a la par, esta isla se hará irrespirable, por una superpoblación imparable, y que crece de continuo; y, no produciendo nada, será indispensable -como ya lo es- la importación absolutamente de todo todo; todo vendrá de fuera, y todo ello será nuestra mayor desgracia, que se la atisba y ve venir, pero nos entretienen y el pueblo drogado como que no se entera, pero al fin -ya tarde y sin remedio- no habrá remedio. Esto será un paisaje muerto, pues el pino no da de comer -sino sombra al del chalet, junto a su piscina, pues convertirán la isla solo y todo en ello-, y dado el uso que va a tener, sí comerá y se forrará el vendedor de la isla, es decir: el cabildo. Y, ante este drama y tragedia que se nos echa encima de forma implacable e imparable, ningún sociólogo, ningún catedrático de nada, nadie, ni los Medios de Comunicación, nadie, nadie alza la voz, con lo que...,¡no sigo!
 
El Padre Báez, Pbro. 26-07-18

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