viernes, 20 de junio de 2014

fuego


La maldición de las tabaibas (2)…

 

… las temibles tabaibas, la peor de las plantas en el reino vegetal, las que los pastores en otros tiempos las arrancaban a su paso, cuando pequeñas, y que obstinadamente preserven y conservan protegen y defienden el cabildo, y que acaban con nuestras tradiciones ganaderas y agrícolas, al ocuparlo todo ellas, impidiendo así la sobrevivencia de un pueblo, que si no roba se muere de hambre, tropelía a la que indirectamente estimula un gobierno corrupto que defiende antes a una planta que da leche envenenada antes que a los pobres, a los que se les quitan la tierra para dársela toda a las tabaibas. Y todo esto, cuando la crisis se ceba con una masa empobrecida que vaga, y se para sin otra alternativa que la muerte de hambre por venir o llegar, forzando a la población a salir fuera y abandonar lo suyo y a los suyos, para escapar como sea fuera de su cultura y ambiente, todo por una economía que ha tocado fondo al no producir nada salvo una leche que no sirve para nada, salvo para inutilizar la tierra de por vida. Mientras, las tabaibas atacan duro por todo el territorio, conquistando todo resquicio de tierra libre, poblando así de un monocultivo tabaibero lo que antes era un jardín, un edén, un vergel, sin que este gobierno doble o triple (¡cuádruple o quíntuple!), que tenemos despierte ante una sangrante blanca realidad (por la leche de la tabaiba, lo de blanco), y el resultado es sencillamente un drama que se gesta, sin verse todavía en el horizonte su alcance, pero al que se llegará tarde, y cuando ya nada se pueda hacer. Las tabaibas son potencialmente muy peligrosas, mientras el pueblo está drogado con un deporte que no practica, sino que sigue apasionadamente, como si en ello les fuera la vida. Un pueblo o masa así, no razona…

 

El Padre Báez.

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Se acercan los incendios, ¡oh, perdón!, quise decir: se acercan los calores del verano y la mesa está servida, me refiero al pasto, que como no se lo comen -por prohibición- los que yo me sé y ustedes también, no se lo comen los animales, porque así hacen su agosto todo el año, importando pasto de españa y de otros lugares del extranjero, y toda vez que los dineros europeos -he dicho “peos”-, no llegan como antes, ahora que no hay dineros para tantísimos jóvenes atléticos metidos a bomberos, y no alcanzan los euros para aviones y helicópteros apagas-fuegos, han echado mano de las ovejas, pero ¡a buena hora, y con sol!, justo cuando les han dado palos de muerte a los pastores y casi no quedan sino octogenarios la mayoría, ahora les piden que sus ovejas las lleven por los corta-fuegos, para que se coman los pastos por esos estrechos cortes por donde se han nacido y que con una media de dos metros de altura, pasarían el fuego al otro lado, cuando lo que debieron haber permitido es el pastoreo sin restricción -que los han tenido en explotaciones, encerrados sin probar una brizna de hierva-, digo, que sueltos los ganados, además de reforestar la flora autóctona y facilitar la reforestación, abonando el terreno con sus cagarrutas y orines, y aflojando la tierra apelmazada con sus pezuñas, además de comerse toda la hierba y arbustos, con lo que aunque quieran, no habría incendios posibles al no haber materia que arda o ígnea. Es lo que repetidamente he dicho, y nada original soy en ello, toda vez que no sería sino copiar lo que hacen en portugal y en españa; pero aquí, con efectos retardados, y por conveniencia cabildicia que come de la hierba de fuera, y no deja comerla a los animales la de dentro, es presumible, probable, y presuntos los incendios por venir y, ¡Dios nos coja confesados!, porque pudiera haber hasta muertes por asfixia de humos y quemados en distintos grados, y todo por un empecinamiento en que los animales no coman la hierba que el creador se la ha puesto en los prados, montañas, llanuras, laderas y barrancos, para degustación y alimento del reino animal, al que también  nosotros -unos más que otros- pertenecemos, aunque solo sean algunos, los que no mugen, pero trujen. Y viene todo esto a cuento, porque no hace mucho, el cabildo contrató a un pobrecito pastor, para que con su reducido y minúsculo rebaño, lo lleve a pastar por entre pinos, por donde una calzada artificial entre ellos el fuego no salte al estar limpio de pasto, si es que las pocas ovejas pueden con tanto. ¡Limpien toda la isla! Y para ello sobran manos humanas, que las escobas del campo las ovejas son. Que hay que ir más allá de los cortafuegos, hay que ir a toda la isla. Cuatro o cinco ovejas, no son suficientes, hay que soltarlas todas, sin restricción alguna, que ellas favorecen la flora, y evitan los incendios. Que tenemos los mejores pastizales del mundo prohibidos para los animales, para que coman hierbas peninsulares o continentales, ¡ni que las del atlántico tabaibero fueran plantas y hierbas envenenadas, que lo son sí, pero en tabaibas, que precisamente los ganados no comen, pero dejemos las tabaibas para otros espacios y lugares. Es decir, te abren un cortafuego, se llena de maleza, escobones, retamas y demás, y es como si no hubiera cortafuego, y ahora, ¡a buena hora, repito!, quieren las pocas ovejas que nos quedan se coman las retamas, y escobones. Y tal es la cosa, que se ven retozar a esas cuatro ovejas contratadas por el cabildo, saltar y hacer cabriolas de felices que son al poder mordisquear las hierbas y hojas de árboles hasta ahora prohibidas y multadas, por carecer de permiso y por el daño medioambiental absurdo que dicen los de leyes ridículas, y pensadas para otros lares, que no por aquí donde desde siempre los aborígenes tuvieron cabras sueltas a sus antojos, heredando de ellos una flora impresionante gracias a la fauna (cabras y similares). Y, si por donde estas cuatro ovejas pasan y pastan no habrá incendios, ¿qué sucede con el resto de la isla, es decir con el 99, 99 % restante, por donde no se verá una oveja o cabra dada su escasez y miedo, por más que los inviten y hasta paguen una miseria, cosa que harían gratis porque es de tonto -con perdón- pagar porque el ganado coma, ¡es que son la repera! Además ciegos estos del miedo, no ven sino cortafuegos por limpiar, cuando lo que hay que limpiar es toda la isla y no contratar a pastores, sino fomentar la ganadería y retirar todas las normar represivas y prohibitivas de lo que es tan natural como que el rebaño coma lo que la tierra le da, y que por daños, y camino de medio siglo, se ha prohibido, por mor de un negocio sucio, como es el de importar de lo que tenemos en abundancia y es de peor calidad, a la vez que se nos ha llenado la isla de malas semillas, desprendidas de los corrales como resto de pesebres, y estiércol. Sencillamente, llegan tarde y de miseria, porque es que eso y nada es lo mismo. No abren las puertas, sino gota a gota, y mientras esto siga así, no nos van a faltar incendios, por más que cuatro ovejas anden sueltas; pero, ¿y eso qué es o significa?, ¡una gota en el mar! Han perseguido y multado a los pastores y ahora quieren colaboren; ahora tienen miedo y desconfianza y lo dicho, es que casi no quedan ya pastores. Pero es que siguen prefiriendo a operarios desbrozando, a soltar todos los ganados, a pesar de los pocos que quedan. Pues, ¡eso que sigan desbrozando!, ya verán a los desbrozadotes hablando entre ellos, con el móvil sin saber con quiénes, fumando, comiendo, y recogiendo para volver mañana y sin avanzar un palmo, eso sí cobrando un pastón, dinero que aún quedan unos remanentes europeos, para esa mascarada y que sale también de las multas a pobres ganaderos y agricultores, ¡no te digo!, son…, mejor me callo. Amigos hasta la próxima semana.

 

El Padre Báez.

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