miércoles, 26 de marzo de 2014

invidentes


Si la tabaiba te llega a los ojos…

 

… sería un milagro no te quedes ciego. ¿Es eso lo que pretende el cabildo? Por lo pronto, ya lo ha conseguido, que “ciego” este pueblo, no vea la verdad de la tabaiba protegida. Ese ha sido un proceso fácil. Dos son los tipos de ceguera: la real, la de la leche en los ojos; y la otra, la ceguera mental que impide a la población, vea la razón de esta protección a las tabaibas. Está claro, hace falta luz, luz para la primera, y luz para la segunda; la primera, deviene; la segunda no llega. El itinerario de la segunda, es más lento, tal vez esté ya hasta fosilizado, y sea incurable: ceguera sin curación posible (¡tal ha sido el lavado de cerebro!), pues nada ni nadie acerca al pueblo la luz que le haga ver claro. El primer paso sería, empezar a ver la realidad, a la luz de la razón. Y es que, como decía nuestro San Agustín: “una vez sanados los ojos, ¿qué podemos tener de mas valor, hermanos?” Se alegran y gozan los que ven la luz, que ha sido hecha, y refulge desde el cielo o la que procede de una vela o eléctrica. Pero, ¡qué desgraciados los que no pueden verla! Ciegos nos han traído, sin posibilidad de ver; ningún medio de comunicación social trata el tema; no se ve, ni nos muestran la realidad; debemos salir de la ceguera; nos ahogan y deslumbran con el balón cesto (¡), y con el carnaval constante, nos meten ruidos que nos impiden ver la auténtica iluminación. Jesús untó saliva en los ojos, y le impuso las manos a un ciego, y éste vio; pero para nosotros, no hay colirio para tantos ciegos. A nosotros, ¿quién nos cura?, ¿cuándo vamos a ver con claridad? Este pueblo, tarda en llegar a la madurez para ver claro, solo unos pocos, ven a media, pero callan por miedo.

 

El Padre Báez.


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