jueves, 16 de mayo de 2013

Popurrí 591 y Al límite en el campo

 

POPURRÍ 591:
En el Año de la Fe (215): Si no se integra la Fe en la vida, todo estará como vacío, perdido, sin sentido.
 
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Mes de María.
15 de mayo.
Ella, por los campos y montañas.
 
Al habla el historiador (215):
 
Las aulas, eran lugares de aprendizaje...
... ahora son comedores, en el tabaibal (¿les darán leche de tabaiba?, ¿o queso hecho con leche de tabaiba?).
 
El cabildo no obedece a la Justicia, que le dice los consejeros no electos, no pueden seguir en el enchufe...
... y el cabildo, los mantienen enchufados, pero con un nombre distinto. Los llama: “coordinadores”.
 
Las autoridades, deben dar ejemplo...
... y no mirar hacia otro lado. Ellos, no cumplen la ley; pero la hacen cumplir a otros.
 
Ya saben (lo repito, una y mil veces)...
... el único plan para acabar con el paro juvenil y el de los mayores, no hay otro que el de volver al campo (agricultura y ganadería).
 
Se habla de un “verano caliente”, que vamos a tener en el gran tabaibal...
... e ingenuo uno, no sabe de qué se trata. ¿Y usted sabe a qué se refiere? No creo se refiera a la hierba seca, que no se comen los ganados de cabras y ovejas, vacas y burros (¿...?).
 
Y usted, ¿no organiza por su parte, con los permisos pertinentes...
... organiza un maratón? ¡Seguro que se les apuntan a correr por los campos miles y miles! Pero para ir a segar la hierba, ¡ninguno!
 
¡Claro, que tampoco te dejan segar la hierba, porque...
... les llega corriendo detrás los del miedoambiente en rancheras y el seprona en moto, y les multan de forma exageradísima e impagable (así que: cárcel).
 
Pero nada de lo que comento aquí interesa...
... lo que interesa es el carnaval. Sale todos los días en la prensa algo sobre el mismo; ¡todo el año!
 
Menos mal, que los que pensaban subir al Nublo, volando...
... como no vayan caminando –como todo el mundo- se quedan sin verlo.
 
Y correr o subir al Nublo, ya es una obligación, porque de lo contrario, con la crisis...
... ya saben que crecen: los trastornos mentales, enfermos psíquicos..., ¡las casas se están convirtiendo en “manicomios”!
 
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“... el Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres...” (Salmo 125).
 
“... sembrar tu semilla con nuestro trabajo, para que, alegres, demos fruto con nuestra perseverancia...” (De las preces de Vísperas).
 
“... el rey se alegra por tu fuerza, ¡y cuánto goza con tu victoria!...” (Salmo 20).
 
“... tus acciones, Señor, son mi alegría, y mi júbilo, las obras de tus manos...” (Salmo 91).
 
“... el gozo de creer sea alegría de servir al Señor, y su Palabra simiente en crecimiento día a día...” (Del himno de Laudes).
 
“... los justos se alegran en la presencia de Dios, rebosando de alegría...” (Del responsorio y versillo a la lectura breve de Laudes).
 
“... tus preceptos son mi herencia perpetua la alegría de mi corazón...” (Salmo 118).
 
“... alégrense y gocen contigo todos los que te buscan; y digan siempre: Dios es grande...” (Salmo 69).
 
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Al límite en el campo:
 
Frente a la parsimonia, cadencia, lentitud, aplatanamiento, cansancio, etc., del campesino en el campo, se impone una nueva actividad en el mismo, que nada tiene que ver con el tradicional sector primario o fuente de alimentación y de trabajo que es la tierra, el medio o campo. Ya que se está introduciendo un nuevo concepto de lo que es el campo: una pista de carrera, o un lugar por donde pasar corriendo. Lamentable este cambio en lo que priva no es el cosechar o cuidar de los animales, sino la velocidad, el jadeo, el llegar antes que otros. Y todo ello, no libre de accidentes, y de riesgos, para la salud, en el exceso y por forzar la máquina (el cuerpo), y como dice el refrán: “la carrera que el caballo da, en el cuerpo se le queda”, y en vez de un lugar apacible, bucólico de hermosas faenas campestres o rústicas, se convierte el campo en una gran pista de deporte, donde correr, y correr, sin intención de apagar fuego, ni mucho menos correr huyendo delante de nadie que le persiga, salvo un contrincante que solo busca robarle unos segundos más, en el reloj, e imbécilmente decir o pensar: “¡llegué antes que éste, y detrás de mí un montón!”. Pues lo dicho. Vamos a redundar en el fenómeno, porque por lo pronto, es novedoso, y ya que no se cogen papas, ni se siembra trigo (que si los que corren en una de esas, se dedicaran en sudar sobre la tierra plantada, nada tendríamos que importar), pero prefieren dejarlos correr, a invitarlos u obligarlos a trabajar, y así corriendo, corriendo, como que se distrae el hambre. Que esa nueva actividad campestre, choca frontal y directamente, con la de en otros tiempos de unos sabios hombres, que utilizaban esas pistas -ahora para “atletas”- para el trasiego de a pie, burros, mulas o caballos, en faenas propias del acarreo de jaces de comida o de estiércol, también sacos de papas para la carretera más cercana, ahora con zapatos de marca de deporte y otros complementos afines que son un espanto para los pobres pajaritos, que asustados, han desaparecido del ecosistema, como los azules, de los que no quedan ni uno, y nunca estuvieron, dicho sea de paso. Total algo que no es de recibo, por el contraste que supone, que lo que antes era lugar de siembra y de pastoreo, ahora sea campo de deporte o pista de correr, como locos (al menos es lo que se deduce de las miles y miles de fotos que nos muestran los chicos de la prensa, revistas y televisiones). Eso es lo que ha deparado la clase política deportiva, para el campo. Y contra estos depredadores, ni cabildo, ni seprona, ni miedoambiente les dice nada, y ni mucho menos los multan como a los primeros usuarios del campo en lo que les era propio. Bólidos humanos, que cruzan sin mirar el paisaje y que son un pretexto para la foto artística cual si el que corre disfrutara de ese panorama o fondo. Un engañabobos más, diciéndonos disfrutan de las bellezas y maravillas de la naturaleza, cuando ciegos, no ven sino donde poner los pies para librarse de una caída cierta. Kilómetros que quedan por detrás y otros por delante, cual si tuviéramos pocas carreteras y otros lugares no hubiera por avenidas y aceras junto al mar, que estas nuevas plantas (de los pies), crucen de sur a norte y de cualquier otra dirección toda la isla antes llena de cultivo y animales, y ahora de corredores, sin rumbo, sin tino, y sin razón. Se ha sustituido bolleros y agricultores por corredores, que cruzan la isla, en absurda, infantil y ridícula competición. Y llaman a eso deporte, cuando es un saca dinero y una trampa en la que esta sociedad idiotizada, no se echa a correr, sino con el preceptivo uniforme que forra a cuatro listos que viven de vestir a tantos miles de corredores, salidos de la nada y de todas partes. Nueva disciplina, que sustituye al campesino, pastor o patatero. Nada digamos de los rallys, que merecen otro comentario –y que no haré, para no ponerme enfermo, en ver, en lo que han convertido el campo, antes fuente de comida y trabajo, ahora en coches de carrera, disputando puestos en un final de puntos y segundos, llenando de ruido y cortando carreteras por el capricho de cuatro, que para a cuatrocientos, y es un decir, y a los que no les faltan miradores absortos que contemplan extasiados el ruido y cómo coge la curva y si hace o no una levantada. Deportes que dominan campos de cultivo o siembra, y que los sustituye. Ocio más que deporte de personas que en el campo debieran ver una jose o una azada, antes que semejantes corriendo a pie o en autos propios, o como público que mira, y aplaude (creo). Y sí, está claro, que algunos se esfuerzan más de la cuenta, hasta el agotamiento, al limite. Límite y limitado queda el campo, cuando de coles y lechugas, ha pasado a ser pista de carrera. Triste final, el que le esperaba al campo. Se ha cambiado campesino, por corredores; de los primeros comíamos; ahora, comen unos pocos de hacer correr a unos muchos, a los que no les faltan admiradores y listas interminables en los periódicos con nombres, apellidos, y tiempos, cual si a la Historia pasaran, por fechorías tan grandes, como las de correr por donde antes se trabajaba.
 
El Padre Báez.

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