viernes, 15 de marzo de 2013

Popurrí 530 y Útiles del campo

POPURRÍ 530:
En el Año de la Fe (154): Fe es: creer lo que cree la Iglesia (¡guárdate “tu” fe!).

Al habla el historiador (154):

Ya me gustaría la gente no me contaran sus batallas con el miedoambiente...
... con lo que les dejaría libres de estos comentarios, hoy en el popurrí.

Que vas tranquilo por la calle y te salen al paso y como desahogo... te cuentan...
... y tú (yo –un servidor-) en este caso, te limitas a escuchar.

Una más de las imbecilidades supinas del miedo y del sepro, ¡ya me entienden!, ¿no?...
... que este pobre desgraciado, como tantos, tiene un arbolito frutal.

Y, que para que el arbolito le dé algo más de fruta...
... va y simple y llanamente, lo poda, sin más.

Y ahí, comienza la tragedia, en algo, totalmente anodino...
... que las dichosas varas de la poda, si no las retira del terreno, luego es un lío a la hora de segar (cosa que no te dejan hacer tampoco).

Y porque, para evitar un incendio –imposible-, pero precavido y huyendo de las multas (ya por no pedir permiso para podar)-...
... y ahora por lo que viene, va y echa las varas en un bidón, y le mete fuego.

De donde solo sale humo, e imposible salte nada de allí, porque para eso el bidón es de dos metros, y la leña está en el fondo...
... y encima, no hace ni pizca de viento, ¡y por más que lo hiciera!

Pues llegaron los del sepro (na), y los del miedo (ambiente)...
... ¡y multa que te pego, porque no pidió –tampoco- permiso, para quemar las varitas del ciruelero, ¡o lo que fuera!

La cosa fue de advertencia...
... ¡pida permiso, y pague 500,00 euros de multa!

Y, dicho y hecho, allá que mi buen hombre –me dijo- pidió permiso...
... para quemar la poda de otro árbol más tardío.

Y le dieron el permiso, pero para su asombro...
... cuando la operación de quemar las ramas secas, siguiendo el mismo proceso de cuando la multa del otro, en esta ocasión (siga leyendo abajo, por favor).

Junto al bidón había un camión de bomberos, con éstos (los bomberos dentro)...
... por si la cosa saltaba en chispa, y prendía fuego.

Y ahora díganme, si esto es de recibo o qué...
... sin más consideración, para que mis lectores piensen un poco, y no dárselo masticado y digerido. Piensen un poco o un rato.

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“... no amaron tanto su vida que temieran la muerte. Por eso estad alegres, cielos, y los que moráis en sus tiendas...” (Del cántico del Apocalipsis).

“... tengo siempre presente al Señor, con él a su derecha no vacilaré. Por eso se me alegra el corazón y se gozan mis entrañas..., me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha...” (Salmo 15).

“... Dios nos comunica la alegría de la salvación, que irradia de esta fiesta...” (De las cartas pascuales de san Atanasio, obispo).

“... hazme oír el gozo y la alegría, que se alegren los huesos quebrantados..., devuélveme la alegría de tu salvación...” (Salmo 50).

“... que él alegre en ti a todos...” (Del cántico de Tobías).

“... yo me alegraba con tus promesas, como el que encuentra un rico botín...” (Salmo 118).

“... concédenos recibir con alegría la salvación que nos otorgas...” (De la oración de Laudes).

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Útiles del campo:

El campo, se queda antiguo; solo queda en los recuerdos de los que lo vivieron y en unos pocos que siguen a duras penas en él. El campesino, mantiene en torno a su persona, una rica artesanía, que se pierde y desaparece. Aperos y afines, de los que se pertrechaba para sus faenas y trabajos. Cestas y lecheras, azadas y hoces (joses)..., cuchillos y objetos en desuso, de tiempos pasados o idos. Ya, ni siquiera la historia del campo, parece interese a nadie; se pierde la etnografía, desaparece la arqueología, ¿con qué nos quedamos?, ¿a dónde vamos, sin identidad, sin pasado? Ya no hay frutos, sino pinos y arbustos estériles. Se ha abandonado el campo, y no se le ha sustituido por nada. No se vuelve al campo. Es posible algún día salga de la muerte y resucite, pero..., por ahora, nada. Ya no se ve el chaleco, chaqueta y pantalón gris, con sombrero y el cabresto (con hierba o
un animal). La lana ha desaparecido. Las zaleas, también. Ya no se suda, ni el agua mancha con el tinte del sombrero las caras. El arado y el pico, cambiaba la forma del terreno, con o sin paredes. Las parras nos daban vino..., las eras el trigo; el millo, gofio...

El Padre Báez.

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