domingo, 3 de marzo de 2013

POPURRÍ 518:
En el Año de la Fe (142): La Fe activa –si no, no es Fe-, actúa por medio del amor.

Al habla el historiador (142):

Pena de senderos; en otros tiempos transitados por agricultores y ganaderos...
... y ahora por corredores.

Ahora somos, pista de atletismo...
... en lugar de campos de trigo y de cercados de papas.

Según parece saldremos de la crisis, con esta nueva economía de correr por los campos...
... en lugar de tenerlo como lo que es: el sector primario, como producción.

Arreglarán caminos, pero no para el ganado o para el cultivo...
... sino para correr. ¡Qué pena!

Tantas carreras, y sin embargo...
... más corre el paro.

Con y en las carreras, gana uno...
... con cultivo y ganado, ganamos todos. Pero no se enteran.

Ahora ya, no es héroe el pastor que aguanta o el agricultor que sigue...
... sino el primero que llegue a la meta en menos tiempo.

Aunque el que gane, con el viento a su favor...
... es trampa. Hasta en esto, hay corrupción.

Nada, dejemos la azada y la jose (la hoz)...
... y echémonos a correr.

Pues: ¡vengan a correr y correr...
... que huyendo de no se qué, si fuego o enemigo, nos vamos a salvar de la que está cayendo!

Los que sí se salvan, son los vendedores de...
... todo ese equipaje completo para huir o correr.

Que los otros (todos los demás), nos apostamos, para verlos pasar...
... los que no ven nada son los corredores, sino el suelo.

Pues, éstas tenemos...
... comience usted a ensayar

Puede que con carreras, carnaval y fútbol...
... salgamos de esta gravísima crisis.

Menos mal, que el mal tiempo anunciado...
... puede suspender más de un carnaval, con lo que la meteorología se alía a la sensatez.

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“... tú Señor, has puesto en mi corazón más alegría que si abundara en trigo y en vino...” (Salmo 4).

“... que la celebración del Domingo nos llene con la alegría de la resurrección...” (De la oración de Completas).

“... hoy es un día consagrado a nuestro Dios: No hagáis duelo ni lloréis; pues es un día consagrado a nuestro Dios. No estéis tristes pues el gozo en el Señor es vuestra fuerza...” (De la lectura breve de Laudes)

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La fuerza del campo:

Haber nacido y ser criado en el campo, me dan razones suficientes  para conocer los distintos aspectos del mismo, como son sus realidades sociales, culturales, espirituales, etc., de un paraíso, que está siendo destrozado por el cabildo que tiene sus propios intereses egoístas. A pesar de mis estudios y sacerdocio, nunca me desconecté del campo y al presente lo vivo y siento tomándole el pulso a diario, más fácil todavía cuando soy párroco de distintos pagos campestres o rústicos, donde se mezclan la espiritualidad y las actividades del sector primario (agricultura y ganadería). Han sido, pues 66 años en contacto con esta doble faceta del hombre, especialmente del campo, donde naturaleza y religión van de la mano, llenando éstas la vida tanto personal como social de los mismos, justo donde la religiosidad popular se mantienen en su más pura esencia, cual reserva. Pero, el cambio de estructuras y de esquemas, está poniendo en grave peligro la pervivencia de este tesoro, que está en riesgo total, y ello a pesar de ser la Iglesia tan atacada, y mantener no obstante el prestigio de lo mejor valorado, y sobretodo por su acción caritativa tan en contra de otras manifestaciones religiosas, y ahí está uno animando, consolando, orientando, criticando, denunciando, etc., todo ello desde los valores del Reino, que son la paz, justicia, verdad, libertad, amor, etc., etc., como expresiones evangélicas primeras o principales, que van transformando o manteniendo lo de siempre con sus valores de hospitalidad, caridad, entrega, donación servicio, etc., etc. La fe por tanto es la fuerza mayor, de ellos y de uno, unidos. Es, la fortaleza de los que a pesar de tanta injusticia y abusos, perseveran cuales mártires del campo, dando sus vidas por conservar esos tesoros junto con los materiales (la tierra, su cultivo, atención a los animales, etc.). A pesar de ello resisten y aguantan multas, sanciones, prohibiciones, etc.,  y esperan algún día esto cambie, con la paciencia propia de quienes tienen fe, pero les agobian y atormentan, viendo cómo la economía se les pone muy cuesta arriba, pues se les agrava la situación por una vigilancia constante que no les dejan hacer nada. Todo esto hace que la agricultura y ganadería casi haya sido eliminadas, y solo quede como residuo y mínima expresión, que aumenta la pobreza sin posibilidad de desarrollar lo que siempre se hizo en la tierra (cultivo y pastoreo). El obstáculo mayor les viene precisamente de quien debiera ayudarles: el cabildo, que con miedoambiente y el seprona los acosan día y noche fijo sin parar. Y así, pudiendo vivir de lo que pudieran producir, tiene que comprar todo eso venido de fuera incluida la hierba para sus animales, dejando la nuestra para posibles incendios que previenen un ejército superior a 200 profesionales del fuego, cosa que el ganado suelto evitaría produciendo estiércol, moviendo la tierra y dándonos comida (leche, queso, carne, etc.). Desatendido queda el campo, y muerta toda actividad en él. Irracionalmente nada se aprovecha de él, dado en su totalidad a la expansión de la invasiva tabaiba que ya copa tres cuartas partes de la isla y camina hacia su totalidad, sin que se la pueda ni siquiera rozar, por multas que no tienen por qué, dado su número y el estorbo que significa en terrenos como en caminos o senderos. Encima el mismo cabildo roba las tierras, pidiéndolas en préstamo o comprándolas sin más o con no dejar tocarla se convierte en dueño de las mismas, perdiendo con ello el sagrado derecho a la propiedad y a su uso racional, de la que se pueda vivir, avocando a la muerte a más de uno (por hambre y por suicidio). A la pobreza se suma la huida del campo ante tales atropellos, consiguiendo la clase política sus objetivos: adueñarse de todo el terreno, sin familias que les estorben en sus nefastos y corruptos planes. Son muchos los que salen del campo, abandonando sus raíces y propiedades, y dejándolas a merced del asilvestramiento por una absurda protección que no deja limpiar un cercado, arrancar una retama o como queda dicho tocar una tabaiba. En contra la clase dominante (el cabildo), llenándolo todo de pinos, aún siendo tierras de pastoreo y de siembra (ambas actividades desaparecidas, y prohibidas). Todo esto lleva al campesino a sufrir una gran inquietud, acompañada de la violencia de un acoso venido de la mayor y peor corrupción. Cada vez la esperanza se aleja más, al ser mayores el abuso y la persecución a la menor acción en el campo (no pudiéndose mover ni una piedra de sitio para colocarla en la pared caída si antes no hay todo un proyecto arquitectónico, con planos, permisos, presupuestos, seguimiento, fotos, control, material, etc., etc., cual si de una obra mayor, incluido aparejador y técnicos, y permisos más permiso, y dilación en el tiempo en años que pasan y no llegan, sino al final el no como respuesta a tantos papeles, idas y venidas. No se admite el diálogo, ni se atinen a razones, tampoco escuchan explicaciones, solo te soban por las narices normas, leyes, artículos y sanciones, de las que viven los que pasean los campos en coches y helicópteros desde donde controlan con sofisticados sistemas fotográficos en los que superponen imágenes de un día para el otro y echan de ver hasta el menor mochazo. Limpiar algo es imposible. Son insensibles. El único refugio es la fe y la Iglesia. ¡Hay que verlos, cargados en años, con fe rejuvenecida y llena de nostalgias por un campo abandonado, y ya sin fuerzas para seguir y viendo cómo la retama cubre lo que plantaban de trigo, y no se la puede quitar! Se ejerce pues, una autentica violencia contra gente no violenta, que nada malo hacen sino lo que desde que el mundo es mundo se ha hecho: vivir en la tierra y de la tierra, sin permitir el desarrollo de ese trabajo y el del propio ser humano. Los educan con carnaval desnortado y de fútbol diariamente y a todas horas. Los jóvenes se marchan, y los que quedan entran en el riesgo de la noche y sus secuaces (la droga, el alcohol, el sexo...). Los políticos son los culpables de todo esto, y nada hacen para frenar nada, sino que van a más y a peor en sus actuaciones contra el campesinado, hasta intentar extinguirlo totalmente y a punto ya de conseguirlo, quedando ese resto minúsculo ya insignificante. Engañan con ofertas de vuelta al campo, que son una trampa estudiada. No hay diálogo entre el gobierno, cabildo, alcaldes, concejales, campesinos, políticos, partidos, movimientos, todo lo hacen sin los campesinos. Los caminos se cierran, y solo hacen carreteras y en ellas muchas rotondas con mallados y paredes donde invierten lo que no en el campo, encementando las orillas de las carreteras de mar a cumbre, sin venir a cuento pagando seguros favores de campañas que les auparon. Y eso, que tenemos el mejor clima y la mejor tierra del mundo, pues nada sacamos de tenerlos. Solo le queda a uno, partidos el alma, sufrir con ellos, nuestros pobres feligreses, a los que les han destrozado el paraíso donde vivían y trabajaban. Tenemos el mejor sol, y solo lo ven en la playa, y no en cosechas de secano; sobra el agua para las duchas de unos turistas a los que llaman “sector primario”, quitándolo al campo, y no solucionando nada estos sino aumentando nuestros problemas, consumen agua, luz, y no deja nada a cambio sino sus excrementos que no son utilizables. Y la debilidad de uno, es que ama a Dios –no lo suficiente- y ese amor se vuelca en su obra: la tierra y los hombres, el cultivo y la comunidad... algún día desaparecerá de los diccionarios nuestros, la palabra cultivar, a no ser que se supere esta visión roma, chata, mocha, sorda, ciega, de unos políticos que protegen maleza y desprotegen al ser humano, el rey de la creación a cuyo servicio el buen Dios lo puso “... todo bajo sus pies... (Salmo 8), y los políticos se lo ha quitado (“... los toros y ovejas del campo...”).

El Padre Báez.

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