miércoles, 12 de junio de 2013

Popurrí 619 y Se entregaron al campo


POPURRÍ 619:

En el Año de la Fe (243): Las personas más tristes y amargadas que conozco, son las de sin fe (no seas uno de ellos).

 

Al habla el historiador (243):

 

En Mayo, 100.000 turistas menos...

... pero ni un agricultor o ganadero más.

 

No, no hay una balanza...

... compensatoria. No.

 

Paquita Luengo (o Largo), busca empelo en la unión europea...

... en lugar de buscarlos en el campo tabaibero.

 

Lo tiene delante de sus propias narices...

... y va a buscarlo a Alemania.

 

Aquí, nos ocupamos de los gatos y de las lisnejas...

... pero no de las cabras y ovejas (para que rime).

 

La última cabra que vi, fue esta mañana -así vea los ojos de Dios-, fue...

... la de la cerrera Manchada de Don Quijote, leyendo “Homenaje” a Don Manuel Socorro Pérez, Pbro. Las Palmas del Gran Tabaibal, 1965, págs. 113-115.

 

Pero, las cabras de la literatura...

... como que no dan leche (¡seguro!).

 

Y quieren potenciar el turismo espakistaní (antes “español”)...

... muertos de hambre, que se traen los chorizos en las maletas, para no comprar del de Teror.

 

Y, ¿es así como piensan sacarnos de la crisis?...

... “¡largo (luengo) me lo fiáis!”

 

Los sin empleo, buscan trabajo...

... ¿qué pasa?, ¿no se han enterado que en el campo lo hay de sobra?

 

O ¿es que esperan les hagan huertos en al ciudad?...

... ¡sí, entre humos de coches y otras basuras! Dicen que es “ecológico”. Pues, ¡me guarden una lechuga!

 

Marx, lo diría más claro...

... sin economía: ¡vamos a tener crisis, p´rato! Y para un servidor, la economía sale de la tierra (cultivos y ganados), que son la materia prima (lo primario).

 

Mientras, solo piensan en el campo, para trazar o señalizar recorridos...

... carreras por montañas y barrancos.

 

¡Pena de sudores perdidos...

... sin que nada produzcan!

 

Pero, nos plantan palmeras, que luego se secan...

... en lugar de tuneras (¡otra rima!). Éstas, no necesitan ni agua, las cría el sol, y dan unos (frutos) tunos que son riquísimos; y con gofio, son manjares o exquisiteces. Pero, nos plantan palmeras (¡que ni dan dátiles!

 

¡Ya pudieran plantar tabaibas, que aunque hay billones y billones...

... al menos dan leche, aunque sea veneno, pero lecha al fin.

 

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“... alegres, demos fruto con nuestra perseverancia...” (De la preces de Vísperas).

 

“... se alegran las islas innumerables...” (Salmo96).

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Se entregaron al campo:

 

 

Y son pozos del saber. Han experimentado de todo, ¡y tanto! Han pasado sus vidas en la tierra, han dado de comer a este pueblo. Provenían de otras familias dedicadas a lo mismos, desde siempre. Desde niños aprendieron a manejar todo lo relacionado con la agricultura y la ganadería. Esa fue la vocación, como la de todos o casi todos; otra cosa no cabía hacer, salvo excepciones de algunos que estudiaban. La aventura del campo, es apasionante. Desde niño, comenzaron a trabajar (eso no fue esclavitud infantil, sino la mejor escuela, ¡la universidad de la vida!). Y ya después, para siempre, se crece, madura, se vive y se muere en ello (si les quitaran los animales, se morirían antes de 15 días), y mueren con las botas puestas. Pero, no solo son campesinos (agricultores y ganaderos), sino que se es: es montañero, se es mecánico, se es... ¡todo! Trabajan y trabajaron  de sol a sol. Son y fueron felices. Durmieron bien. Lo de ellos -quedan muy pocos-siempre fue la austeridad, marcada por el tiempo y las cosechas, las ventas y el año según. Casi rayan con la obsesión de solo trabajar, sin descanso. Eso de “vacaciones”, nunca supieron lo que es. Los animales comen a diario. No hay fiestas ni domingos. La agricultura es lo primero (sector primario). La vida, la dedican a eso, sin más. Cabe la fe, y ésta es fuerte (de carbonero). En Caideros, Miguelito, con 83 años, sigue con sus 30 ovejas; también en Los Andenes, Antoñito, con la misma edad, tiene el mismo número de cabezas (éste tiene 30 cabras). Ambos hacen queso (sus señoras). Es, otra vida. La vida. Dejaron (dejan) huellas. Las cencerras de ellos -sus grandes tesoros- van quedando mudas, reducidos sus rebaños, sin poder ya enderezarse, dificultades para caminar, sin embargo, ordeñan, limpian las camas, los molestan los de miedoambiente y el seprona (enviados por el cabildo). Les multan, les molestan, les “enseñan”. Comen queso, leche, gofio. No compran papas, ni frutas; tampoco huevos..., saben de madrugadas, de fríos y calores. Conocen el lenguaje de las estrellas, leen las señales para el tiempo. Son los últimos, se quedan solo, resisten. Son libres. Son la tradición, mantienen palabras, refranes, dichos, en la conversación te dicen: “¡ya se me partió el cabresto!”, cuando algo se les tuerce. Ahora...

 
El Padre Báez.

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