El Papa Francisco y las
tabaibas…
… pido disculpas a Don Antonio Cruz Domínguez, si
publico su correo, dándome la buena noticia, en la que me comunica cómo el Papa
Francisco defiende a los campesinos, labor y tarea en la que me ocupo desde hace
ya muchos años, y últimamente camuflado en las tabaibas he seguido en su
defensa. Pues ya lo pueden ver cómo el Vicario de Cristo, también lo hace. Hoy,
sin más comentario solo les pego el envío del periodista
amigo:
Mi querido amigo y hermano
Fernando Báez. Te paso esta documentación por si es útil para ti y la defensa
que haces de la naturaleza, del campo y de los cultivadores y cuidadores de
nuestros campos. ¡Eres admirable, en esto, amigo; sigue así. Yo rezo mucho por
ti para que tu voz cale y llegue donde tiene que llegar. Sabes que gozas de mi
amistad y aprecio. Oremus ad invicem. Un fuerte abrazo. Antonio Cruz
Domínguez.
El papa Francisco “resucita” la defensa de los campesinos
Desde el Vaticano, el papa
Francisco libra una histórica batalla por recuperar la esencia del Evangelio
cristiano y los fundamentos de la Doctrina Social de la Iglesia Católica en
contra de una derecha eclesial que por décadas abandonó los principios de
humildad y la defensa de los que menos tienen, para colocarse en un estatus de
riquezas y privilegios otorgando su apoyo y “bendiciones” a una oligarquía
mundial que ha generado 3 mil millones de pobres en campos y ciudades, a los que
ahora el Vicario de Cristo abrió las puertas de la Santa Sede para escucharlos y
expresarles su solidaridad en la defensa de su derecho a la tierra, al trabajo
digno y a la vivienda.

Socios | 26 de noviembre de
2014 
23. noviembre, 2014 Autor:
Martin
Esparza Opinión
/Primera
parte
Este golpe de timón ha
puesto en guardia a un amplio sector ultraconservador del catolicismo que no ha
dudado en cuestionar al sumo pontífice sobre la apertura a temas como la
homosexualidad y una nueva visión del divorcio, planteados en cónclaves como el
Sínodo Extraordinario sobre la Familia y que deberá tener sus resolutivos
finales en octubre del próximo año; pero lejos de arredrarse, el papa les dio
una demostración de las simpatías, apoyos y el amplio consenso que han
despertado en todo el orbe sus propuestas de cambio con la celebración del
reciente Encuentro Mundial de Movimientos Populares. La alianza pactada en Roma
con los marginados del mundo habrá de ser en el nuevo siglo “el viento de la
protesta que se convierta en vendaval de la esperanza”, como lo expresó el papa,
para disgusto de muchos cardenales y obispos de derecha que ingenuamente
pensaron que su llamado no tendría eco. La presencia de líderes de
organizaciones sociales de todos los confines del planeta ha puesto a temblar a
los alentadores de un fabricado cisma, que se resisten a que la Iglesia Católica
mantenga un oído en el Evangelio y otro en el pueblo.
La ofensiva del capital
nacional e internacional para privatizar los recursos naturales en el mundo
tiene un nombre ampliamente conocido por los campesinos de países donde la
trasnacional está devastando la tierra, el agua y la biodiversidad:
Monsanto.
Gobiernos cómplices en la
protección de los intereses del gran capital han criminalizado las luchas
sociales de quienes han denunciado el sentido depredador del agronegocio, que no
busca alimentar a las poblaciones sino aumentar la ganancias de las
multinacionales, imponiendo en aras de una mayor productividad cultivos
transgénicos que no sólo generan hambre y pobreza, sino que además contaminan
los suelos y los cultivos tradicionales, produciendo alimentos altamente tóxicos
para la salud de millones de personas por la indiscriminada utilización de
agrotóxicos.
El despojo y el
acaparamiento de la tierra, el agua, los recursos naturales como la minería y
hasta el aire utilizado para proyectos eólicos de generación de energía
eléctrica han permitido el avance desbocado del gran capital sobre el campo y
sus comunidades, arrebatando a millones de campesinos e indígenas su derecho a
la tierra, la conservación de sus culturas milenarias y su obligado
desplazamiento.
Las situaciones expuestas
al papa Francisco como graves, alarmantes e indignantes durante el encuentro
mundial de Movimientos Populares enumeran a países como Afganistán, el África
occidental, Colombia, Guatemala, Honduras, la región del Kurdistán, Paraguay,
Palestina, Siria, Sudán, sin exceptuar a México.
Las cifras expuestas en el
foro organizado por el Vaticano denuncian la creciente migración forzada de
hombres y mujeres del campo a las grandes ciudades o al extranjero, al
encontrase atrapados en las redes de un mundo dominado por el capital y las
teorías neoliberales que se guían por las lógicas del mercado de consumo, y sin
apoyo alguno de sus respectivos gobiernos para impulsar una política agraria
integral que les garantice la permanencia y legítima propiedad de sus tierras,
además de una comercialización sin trabas de sus productos que les asegure una
estabilidad laboral y un justa remuneración para el bienestar de sus familias.
La mitad de la humanidad trabaja y vive en el campo, pero accede a menos de un
cuarto de la tierra disponible, lo que habla del despojo creciente y violento
que se ha dado en su contra. Por eso, uno de los reclamos generalizados y
apoyados por el papa fue el de pugnar porque en el mundo no haya ningún
campesino sin tierra.
Actualmente, como lo
expusieron con claridad ponentes como la chilena Francisca Rodríguez, directora
internacional de la Asociación Nacional de Mujeres Trabajadoras Rurales e
Indígenas, las comunidades y familias rurales tienen la desgracia de estar
encerradas en un mar de cultivos transgénicos, sufriendo graves daños en su
salud con tasas alarmantes de cáncer, abortos espontáneos en las trabajadoras
del campo y nacimientos de niños con deformaciones congénitas, condenados a
morir.
El impulso del uso de
transgénicos y los agrotóxicos, solapado por gobiernos en todo el mundo, está
conllevando a intoxicaciones masivas y pérdida de vidas humanas, afectando
también a los animales y a la tierra misma, de tal modo que los cultivos
transgénicos alentados por la multinacional Monsanto están produciendo mayor
hambre, pobreza y problemas de salud en millones de habitantes en todo el
planeta, sin que las autoridades locales muevan un dedo por impedir la
devastación que se está llevando a cabo, poniendo en riesgo la soberanía
alimentaria en cientos de países, como las naciones de América Latina, México
incluido.
Esta tendencia de despojo y
privatización de la tierra está teniendo, además, serias consecuencias en la
vida de millones de indígenas y campesinos en lo que se ha dado en llamar “una
guerra no declarada” que han emprendido en su contra, y en alianza con el gran
capital, las Fuerzas Armadas, policiales y hasta los narcotraficantes. Es
entendible el porqué cada vez se criminalizan más las luchas sociales y se
encubre, a través de la manipulación de los medios de comunicación, la muerte,
el encarcelamiento y los amañados juicios contra las y los dirigentes de las
organizaciones que de viva voz denunciaron tales atropellos ante el sumo
pontífice.
Los líderes de diversas
organizaciones campesinas coincidieron en el Vaticano en definir a la soberanía
alimentaria en una expresión más amplia, que debe comprender, además de su
derecho a la tierra y sus territorios, el derecho al agua, a sus semillas
tradicionales, su ganado y bienes materiales, así como el respeto de sus formas
culturales de producción y del cuidado de la tierra
misma.
En suma: relaciones
sociales libres de opresión y desigualdades que les permitan a millones de
personas ejercer su trabajo en el campo de una manera digna, con el firme
compromiso de alimentar a sus pueblos, ya que bajo la tesis forjada en el
histórico encuentro, “los pueblos con hambre, que no producen su propia comida,
son pueblos atrapados en la sobrevivencia […] no pueden pensar y decidir
libremente, ni pueden ser independientes”.
Demandaron a sus gobiernos,
en el corazón de la Santa Sede, políticas públicas basadas en el bien común y en
el buen vivir de la gente, sin dejar de mencionar que ahí, ante la presencia del
papa Francisco, rechazaron las falsas soluciones frente al cambio climático,
como la energía nuclear, y la posición de quienes, desde las oscuras catacumbas
clericales, las alientan.
“Nos preocupa además lo que
escuchamos de un miembro de la Pontificia Academia de las Ciencias, quien
sugirió que el calentamiento global es responsabilidad de los más pobres del
planeta”, externaron, sin ambages, sellando simbólicamente la alianza pactada
con el sumo pontífice en contra de la corriente ultraconservadora del Vaticano,
puesta en evidencia como aliada del capital internacional, de la ínfima minoría
que está acabando con la vida misma del planeta.
Martín Esparza
Flores*/Primera parte
*Secretario general del
Sindicato Mexicano de Electricistas.
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Por mi parte, al ver
reflejado en lo de más arriba, cuanto les vengo comentando a diario, nada puedo
añadir, sino mi alegría al ver que no estoy solo en esta lucha y cuento con la
del Papa, que se me une (con toda humildad).
El Padre
Báez.
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